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Pasillo: (parte 4)

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Carlota Jaramillo

 

Años dorados y silencio

Hasta la década de 1970, el pasillo es la música más difundida y consumida por la población urbana. Es la música por antonomasia, la canción para enamorar y para celebrar el despecho, para conquistar y para vomitar el rencor amoroso. El gran tema es el amor, pero a través de ese asunto universal se ventilan inquietudes existenciales y el estupor ante la vida que no cesa.

 Luego hay una ruptura. Las ciudades crecen cada vez más, aparecen más emisoras de radio. No todas tienen, como radio El Prado de Riobamba (que durante los treinta y cuarenta fue la gran radio del país, incluso desde allí se transmitió al mundo la noticia de la muerte de Gardel en 1936) o Radio Quito recursos para contratar artistas como Carlota Jaramillo o los Benítez y Valencia para que canten en vivo. La solución, que ahora es la norma, fue empezar a reventar discos que los sellos internacionales enviaban para su difusión.

El rock, la cumbia y la salsa desplazan al pasillo, al albazo y hasta al bolero. Para los pelilargos de los años setenta, esa música era cosa vieja, qué mejor si se dejaba atrás, como las casas del centro, como el arte colonial que terminó en desvanes (cuando no en las valijas de comedidos diplomáticos), como todo signo que oliera a pueblo, a ruralidad, a agricultura.

 Obsesionada con su desarrollo económico e industrial, la nueva burguesía desdeña al pasillo y lo abandona a su suerte: casos como el del guitarrista Terry Pazmiño, cultor virtuoso del género, se vuelven excepcionales. El género sobrevivirá, durante los setenta y ochenta, en las cantinas y en la rocola, que la "gente fina" mira ya con desprecio. Aunque la muerte de JJ lo convertirá en un clásico y significará un relanzamiento temporal del género en los sectores medios.

Los importantes estudios de Wilma Granda y Ketty Wong son esclarecedores sobre éste y otros aspectos de la vida del pasillo en la sociedad ecuatoriana.

La vuelta del músico

De nuevo llegó el fin de siglo con una crisis de identidad. Si en el XIX las montoneras del liberalismo agitaban el avispero, en el final de 1900, fueron los levantamientos indígenas los que sacaron de su modorra consuetudinaria al Ecuador.

Ellos, los indios, se reconocían y se celebraban en su wipala, en escribir kichwa así, con k y w, en su Conaie, en el Lucho Macas. ¿Y nos? ¿Con el loco que ama y Los Iracundos? Más bien no, dijimos algunos. Y entonces Margarita Laso puso la letra y Álex Alvear la música para un Soñando con Quito. El Álex, desde su veta jazzera pero con hondo conocimiento y sentido musical, ofreció cuatro piezas del género en su disco dedicado a Quito, que ahora es inhallable.

 Y la Rocola Bacalao se lanzó unito. Y Peky Andino, aún muy cerca de Sal y Mileto, compuso con el   finadito Paúl Segovia el sarcástico Mi vida es un yahuarlocro para la obra teatral Ceremonia con sangre (el Paúl también versionó Invernal para una pieza del grupo Contraelviento en el 94). Y los Quimera, a tres guitarras y con la espléndida voz de Patricia Rameix, recuperaron una elegancia que en años no había tenido el género; otro tanto hizo María Tejada junto a su esposo, el guitarrista francés Donald Régnier.

 Juan Fernando Velasco, después de su paso por Tercer Mundo, también le entró al pasillo, aunque hay que decir que lo vuelve balada, lo aliviana, lo lleva al pop. El dúo de electrónica Esto es eso probó a   m mezclar pasillo con hiphop, el resultado no convenció del todo ni a pasilleros ni a hoperos. Pancho Prado, sicólogo, cantante y lector de tarot, también ha hecho una versión propia, con resultado más feliz, del célebre Lamparilla, y tiene compuesto un "pasillo gótico" titulado, con algo de humor, Vampiral, al que Nelson García, su antiguo colega en el grupo Umbral, le ha puesto los arreglos. Hay una cita cantinera, alcohólica y rocolera, del pasillo Disección en la última película de Víctor Arregui, Cuando me toque a mí.

El caso más llamativo de la última hornada es, según este humilde cronista de murcielagarios, el de Domingo Cantinas. Se trata de un personaje creado por Mauricio Proaño, quien le ha escrito biografía y dice que fue una estrella rocolera de los ochenta, que murió alcoholizado, dejando una obra deliciosa de pasillo sangriento y adolorido: "Mis amigos dicen que eres una puta/ yo creo solo que eres medio bruta” dice uno de sus versos. El show de Domingo Cantinas ha tenido gran pegada, al punto que el investigador Proaño ha hallado más material desconocido de su músico imaginario, y el repertorio ya daría para hacer un LP con seis canciones por cara...

 A unos ojos / Los Brillantes

 

 Faltandome Tú / Carlota Jaramillo

 

 Señora María Rosa / Patricia Gonzáles

 

                                                                       CONTINUA>>>



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