Para los carteles la ‘pena de muerte’ es tan común como negociar la droga
El tráfico de drogas crece en México y con eso la violencia de los carteles, que también operan en Ecuador.
Una violencia más sanguinaria que la que se vive en Colombia hace medio siglo crece en México desde los noventa.
Crímenes crueles, de los que ya no solo son víctimas integrantes de los siete carteles existentes sino los migrantes que intentan llegar a Estados Unidos, siembran el terror en México, donde cifras del gobierno indican que desde el 2006 ha habido más de 28 mil víctimas.
La violencia se profundizó desde que el presidente Felipe Calderón lanzó la “guerra” contra los carteles de Sinaloa, Familia Michoacana, del Golfo, Beltrán Leyva, Tijuana, Juárez y Los Zetas, estos últimos responsables de matar cruelmente a 72 migrantes el fin de semana pasado, en un caso descubierto por testimonio de un ecuatoriano, único sobreviviente.
En México, solo 31 de los 72 inmigrantes indocumentados asesinados por el cartel Los Zetas han sido identificados y ninguno de ellos es ecuatoriano, aunque la Fiscalía del Ecuador afirma que serían seis los compatriotas muertos.
“Los hombres llegaban con las costillas o piernas rotas, maltratados por patadas y golpes. Contaban historias horribles, decían que Los Zetas les obligaban a llamar a sus familias en Estados Unidos para que les envíen dinero y si no lo hacían los mataban delante de todos. Algunos han logrado escapar y pudieron contarlo. En la cárcel se ve de todo”.
Es el relato de Rebeca, una migrante azuaya deportada en febrero pasado desde el estado de Arizona, donde permaneció detenida durante seis meses.
Encerrada en diversas cárceles repletas de migrantes, entre ellos decenas de ecuatorianos, Rebeca dice que los casos de muertes solo se llegan a saber cuando alguien logra huir o han sido liberados tras ser obligados a transportar droga.
“Cuentan que los obligaron a cargar bolsos pesados, nadie dice qué es, pero todos saben que es droga, muchos lo confirman cuando son sorprendidos por la Policía de Estados Unidos. La mayoría de los migrantes detenidos están por droga”, narra.
“Tuvimos suerte de no cruzarnos con Los Zetas”, dice la mujer. Esa suerte no la tuvieron otros ecuatorianos que estarían, según versiones, en el grupo de 72 migrantes que fueron encontrados baleados, atados de pies y manos en el estado de Tamaulipas, donde fueron asesinados por narcotraficantes conocidos como Los Zetas, un grupo de ex militares de las Fuerzas Especiales de México que al momento controlan varias rutas entre Guatemala y Estados Unidos.
Se trata de grupos que han creado una ola de violencia que incluye secuestros a migrantes para pedir rescate a sus familiares en Estados Unidos o, en los casos de los más pobres, para utilizarlos como ‘mulas’ para llevar droga, explica Raúl Benítez, investigador en temas de seguridad de la Universidad Nacional Autónoma de México.
La masacre reportada por el único sobreviviente, un ecuatoriano de 18 años, evidenció un problema entre mafias de carteles que ya no solo se disputan el control de territorio para el comercio de la droga sino también las rutas de miles de migrantes, sobre todo en los estados de Tamaulipas y Nuevo León, donde las autoridades locales atribuyen a esa disputa más de 1.000 asesinatos en este año.
Cifras del gobierno mexicano arrojan que desde que el presidente Felipe Calderón lanzó una “guerra” contra los carteles tras llegar al poder, en diciembre de 2006, se desató una ola de violencia que ya deja unos 28.000 muertos en todo el país. La decisión de México se complementó con el aumento de controles que ejecutó Colombia.
Según el conteo de medios de prensa, en los 30 días recientes hubo las fechas más violentas de los últimos tres años. Los narcoasesinatos se concentraron en 24 estados. Ciudad Juárez es la más violenta: el viernes último hallaron nueve cuerpos calcinados. También se han registrado altos niveles de violencia en Michoacán y Guerrero.
La disputa por controlar la droga, negocio que según las autoridades genera unos $ 13.000 millones anuales, mueve a los carteles mexicanos. Aunque las organizaciones ilícitas de tráfico de drogas existieron desde hace décadas en ese país, fue a finales de los noventa cuando cobraron notoriedad tras el aumento del control a los grandes carteles colombianos.
Al ser golpeado el ‘narco’ en Colombia, se entrega la distribución total a los narcos mexicanos. La baja de los precios de la droga y la reducción del consumo de la droga en Estados Unidos ha sido otro de los factores de las guerras de los carteles mexicanos por la conquista del mercado estadounidense.
Una causa adicional es la disputa por la exclusividad del tráfico y de la distribución de la cocaína colombiana, refiere el diario digital mexicano Globedia.
Un informe de la Procuraduría General de la República (PGR) de México indica que los enfrentamientos más violentos entre los carteles de ese país se concentran en los casi 3.200 km de frontera con Estados Unidos, donde los carteles de los Arellano Félix (o de Tijuana), los Beltrán Leyva, del Golfo, Sinaloa, Los Zetas y de Juárez luchan por ampliar más los territorios bajo su control.
Según la PGR mexicana, la violencia desatada en los últimos meses en Tamaulipas (noreste), en la costa del Atlántico y fronterizo con Texas (Estados Unidos) es resultado de las pugnas en el Cartel del Golfo, que en la década de los noventa reclutó a Los Zetas, ex soldados de élite que cobraron fuerza hasta formar un grupo independiente.
En Chihuahua (norte), cuya franja fronteriza es la más amplia de los seis distritos que limitan con Estados Unidos, el Cartel de Juárez lucha por mantener el control de las rutas a través de la convulsionada Ciudad Juárez y sus alrededores, donde desde hace unos años intenta penetrar el Cartel de Sinaloa.
Esta última organización, encabezada por Joaquín el Chapo Guzmán, uno de los hombres más buscados de México y Estados Unidos, controla parte de Chihuahua y una amplia zona de Sonora (noroeste), y disputa con Los Zetas y los hermanos Beltrán Leyva una porción de Baja California (noroeste).
La séptima organización del narcotráfico identificada por la PGR es La Familia, que actúa en el estado de Michoacán (en el oeste) y mantiene alianzas con el Cartel de Sinaloa.
Un informe del Departamento de Estado estadounidense calcula que el 90% de la cocaína consumida ahí llega vía México, donde los carteles controlan el tráfico de drogas de países sudamericanos: Ecuador, Colombia y Perú, especialmente.
Ecuador aparece en ese escenario como uno de los principales puertos de embarque de droga y lo expone al mundo como un país vulnerable a la operación de carteles mexicanos.
Un ex director de la Dirección Nacional de Antinarcóticos que prefiere no identificarse indica que “toda la droga que se incauta en las costas ecuatorianas, especialmente la hallada en altamar, tiene como destino los carteles de México, que tienen emisarios o miembros que negocian dentro del país...”.
El vínculo con los carteles mexicanos lo revela la detección de laboratorios e incluso astilleros donde se construyen sumergibles, uno de ellos tipo submarino que fue localizado recién el mes pasado en Esmeraldas.
La intención de ellos es llevar la droga por el mar hacia México, pero al Ecuador el alcaloide no solo ingresa desde Colombia. También llega desde el sur, después de descubrir otro sumergible en El Oro, sostiene el ex funcionario policial.
Narcotraficantes colombianos han trasladado sus centros de operaciones a nuestras fronteras e incluso ciudades, “pero están siendo detectados a tiempo, porque no les vamos a permitir que nos invadan”, sostiene un investigador de la Policía.
No solo es el narcotráfico lo que preocupa, también el nivel de violencia con el que actúan estos grupos armados es otro de los problemas que se teme se extienda a los países que operan con las redes en México.
Las autoridades mexicanas afirman que se está presenciando una lucha brutal entre carteles sin líderes por cada vez menos recompensa, pero otras organizaciones argumentan que las agrupaciones criminales se han vuelto tan poderosas que controlan eficazmente algunas partes del país, y la violencia es una prueba de su dominio. Entre esos grupos, Los Zeta figuran entre los más violentos.
Organizaciones mexicanas estiman que el 60% de los migrantes que cruzan el país son secuestrados. El rescate fluctúa entre $ 1.000 y $ 5.000; que se pague no garantiza ni la vida ni la libertad de la víctima.
La expansión de la violencia ya tiene registros en Centroamérica, adonde los carteles mexicanos del narcotráfico se desplazan hacia el sur para intensificar sus actividades en la región tras la persecución del gobierno en su país.
Un reporte divulgado en mayo por el Woodrow Wilson Center de Estados Unidos y la Universidad de San Diego mostró que Los Zetas están reclutando miembros en Centroamérica y entrenándolos en una remota área en Guatemala.
Los escenarios de violencia por el narcotráfico tampoco son ajenos a Ecuador. La Policía Judicial y la Unidad Antinarcóticos no descartan que el cometimiento de crímenes y sicariatos estén asociados a organizaciones de la droga, pero manejan con sigilo las cifras.
Desde el año pasado, en al menos tres de los casos hubo claras evidencias de narcotráfico donde se registraron 11 muertos.
En uno de esos casos, en agosto, en El Oro fueron asesinados el comandante de Policía de Quinindé (Esmeraldas), Luis Villafuerte Llerena, y un agente mientras circulaban en una camioneta donde se hallaron 272 kilos de base de cocaína.
Juan Carlos Rueda, director de la Unidad de Lucha contra el Crimen Organizado, concluye que “todos los asesinatos entre los delincuentes son por controlar los espacios de un mercado criminal, porque hay intereses grandes en juego: rencillas, disputas entre ‘empresas’ que pelean mercados económicos (drogas, robos de carros, usura, extorsión, secuestros, etcétera); es una economía criminal, que utiliza un elemento que es la administración de la violencia. Los criminales usan en forma insólita la pena de muerte que nosotros no consideramos para castigarlos a ellos...”.
Tomado de diario El Universo

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